Chile sin Politica Infanto adolescentes para la prevencion del suicidio

Autor: Jaime Fontbona Torres, PhD(c) Investigador Doctoral en Salud Pública (Suicidio en jóvenes chilenos), The University of Melbourne, Australia Mag(Ps.clin)/Master in Health Soc. Sc./PhD©

 

Antecedentes de la prevención de suicidio de niños y adolescentes.  

En las últimas décadas Chile ha presentado el segundo incremento más importante de suicidio infanto juvenil entre los países de la OECD (2014), con los aumentos más notorios entre jóvenes de 15 a 24 años(Palacios, 2009), pero destacando las tasas 2 a 7 veces más altas entre jóvenes de pueblos originarios (CEPAL, 2012). Entre 1998 y 2011 el suicidio aumentó en gran parte del país con las mayores alzas en las regiones Tercera, Cuarta, Duodécima, Décima, Segunda, y RM; seguidas por la Undécima, Decimocuarta, Séptima, Quinta, Sexta y Novena (Nahuelpan y Varas, 2009).

Pese a datos incompletos sobre comunas de la RM, se conoce también que Colina, Puente Alto, El Monte, Lo Espejo, Quinta Normal y San Ramón poseen tasas muy por sobre el promedio nacional (Palacios, 2009). Por esto ya el año 2000 el MINSAL fijó la reducción del suicidio y la depresión como sus dos únicos Objetivos de Salud Mental para Década 2001-2010. Sin embargo, al priorizarse sólo el segundo de ellos, el suicidio aumentó un 60% hacia el fin de década pasada. Sólo el año 2008 se propuso un Programa Nacional de Vigilancia con el fin de formular un plan preventivo para finales del 2016. Sin embargo, fruto de una acción ante la Corte Interamericana de DDHH se informó que a la fecha, dicho programa recibió presupuesto sólo en tres oportunidades y alcanzando a un promedio de 8% de su presupuesto durante todo el periodo, lo que plantea serias dudas respecto del alcance de sus metas. 5 La falta de prioridad en este tema contrasta con la enorme inversión realizada en prevención de muertes por accidentes de tránsito y homicidios, que son las otras 2 causas de muerte violenta (CONASET y Servicio Médico Legal, 2009), pero sorprende profundamente, cuando desde el 2007 el número de suicidio ha superado ampliamente las muertes por esas otras dos causas.

Peor aún, la falta de inversión en prevención del suicidio ha llevado a la OECD a estimar las pérdidas económicas para el país en US$ 943 millones anuales, o seiscientos cincuenta y seis mil millones en pesos ($656.000.000.000) (EMOL, 2012) Por todo esto el ‘Informe sobre DDHH en Chile’ de la UDP (2013, 2014) se ha referido elocuentemente a la Salud Mental en Chile como una ‘Salud de Segunda categoría’ y la falta de un Plan Nacional de Salud Mental infanto juvenil y Ley de garantías de Protección Integral de la Infancia como ‘La infancia olvidada’.

Es importante señalar que estos análisis económicos no incluyen los costos por discapacidad producidos por quienes sobreviven a un intento. Así también desconocen que al menos 5 personas cercanas al suicida (familiares, amigos, y compañeros) se verán afectadas en su salud mental y experimentarán ausencias laborales y escolares, aumento en su consumo de alcohol y drogas, divorcios, depresión y hasta atentarán contra sus vidas como resultado del efecto imitación. Por eso la OMS ha considerado el suicidio como un ‘problema de la salud mental’ y pública, y ya no como un mero  desorden psiquiátrico, enfatizando que su prevención requiere un abordaje no solamente clínico, sino de la
comunidad en su conjunto (De Leo, 2004; OMS, 2014). Es aquí, entonces, donde los establecimientos educacionales pueden ejercer un rol complementario, pero fundamental al reducir el impacto en la salud mental sobre la comunidad escolar o universitaria circundante.

Oportunidad y Necesidad para la prevención en suicidio

al interior de Establecimientos educacionales 

Uno de los casos de suicidio escolar mejor detallados por la prensa es el de Alejandra Carrasco, una ex dirigente estudiantil de un Liceo ‘emblemático’, que se suicidó en Octubre del 2013 (Clinic, 2013). La estudiante de Cuarto Medio, no habría logrado conciliar las exigencias de su maternidad adolescente con las académicas, en parte por
el desinterés del colegio en apoyar su búsqueda de sala cunas (*), ni dar flexibilidad por evaluaciones horas perdidas, sufriendo así la caída de su rendimiento y el fin de su sueño de ser abogada. .-
Alejandra murió en espera de atención psiquiátrica en el CRS de La Florida, pese a que ambas instituciones conocían de su ideación suicida con 3 meses de anticipación. –
Este caso refleja fielmente como las crisis que llevan a riesgo suicida rara vez no son desconocidos dentro de las comunidades escolares. Sin embargo, no suelen ser abordados debido a la falta de protocolos y/o capacitación de orientadores, que temen verse sobrepasados en sus competencias profesionales al ‘abrir cajas de Pandora’, y a la ‘cómplice’ esperanza que se resolverán por sí mismo.
En la experiencia de de una década en el ‘Centro de Atención Integral al Adolescente, Dra. Paula Peláez, ONG que apoya a colegios en Ñuñoa y Providencia, eso cambia cuando profesores y orientadores perciben apoyo de sus redes de derivación social y de salud, y son capacitados técnicamente, y apoyados emocionalmente para tener esas ‘conversaciones’ difíciles. Ahora bien, en Australia se fomentan además programas de ‘escucha y apoyo’ al interior de las comunidades escolares, donde no sólo profesores, sino estudiantes y apoderados son capacitados y sostenidos
para hacerlo. Son estos actores la primera línea de prevención contra los ‘clusters’ suicidas o grupos de suicidios por imitación. Sin embargo, para llegar a eso en Chile se requiere promover conjuntamente una cultura amplia de ‘no violencia’, que permita encontrar en las relaciones con profesores y compañeros una fuente de apoyo y protección. Para sostener esto , baste mencionar que en Japón, país con muy altas tasas de suicidios, se ha encontrado que el ‘peak’ de muertes escolares ocurre al inicio del año escolar, debido al reencuentro de víctimas con abusadores en una cultura que permite el bullying (CNN, 2015). De igual manera impactarían positivamente programas contra el
cyberbullying y el bullying homofóbico, pero también capacitaciones a profesores en alternativas a la violencia disciplinaria y en apoyo de estudiantes en situación de violencia intrafamiliar y crisis vitales.

La promoción del ‘respeto a la mujer’ también es importante, en particular cuando se ha encontrado que muchas víctimas de pedofilia experimentan fuertes crisis al llegar a su adolescencia. Esto incentivaría la auto-identificación de las víctimas y la búsqueda de apoyo antes de entrar en crisis. En centros de educación superior además, se deben tomar medidas para evaluar y atender riesgo suicida, en carreras como son las del sector salud (medicina, farmacología, dentistas, veterinarios, etc.) donde se otorga involuntariamente acceso a medios letales, o en otras donde sus estudiantes quedan sometidos a altos niveles de estrés, como son derecho, arquitectura, y psicología. También, es necesario destacar varias iniciativas de miembros de esta Comisión, que indirectamente tendrán un
impacto positivo. Por ejemplo, aquella que da alternativas de acceso a Sala Cunas para estudiantes; o la que apunta a una mayor capacitación docente, 7 ojala en las competencias nombradas; y la exigencia de modelos de prevención de abuso y acoso sexual. En conjunto todas ellas impulsarán no sólo la prevención del suicidio, sino también una cultura más abierta e inclusiva dentro del sistema educativo para aquellos con problemas de salud mental, discapacidades y vulnerabilidades sociales.

Movimiento Nacional Por la Infancia

 

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