EX FUNCIONARIO DENUNCIÓ GRAVES IRREGULARIDADES EN CREAD PUDAHUEL DEL SENAME: “ME DESPIDIERON Y DEJARON TRABAJANDO AL TÍO QUE LE DIO UNA GOLPIZA A UN MENOR”

El Centro de Reparación Especializada de Atención Directa (Cread), que de reparación tiene muy poco… es un recinto administrado por el Servicio Nacional de Menores (Sename). En algunos jóvenes que crecen en internados, es conocido como “academia para delincuentes porque caen aquí todos los que se portan mal, acá llega lo peor de los otros hogares, uno sale peor, listo para robar o salir a matar si es necesario, porque se aprende a sobrevivir, hay que comer, hay que vivir y hay que salvar a los más chicos». Así nos relató un chico de 12 años, encaramado en una pandereta: «No me gusta vivir aquí porque me siento solo, no me vienen a ver, vivo aquí desde los 4 años, estoy como preso, y no entienden lo que me pasa». Luego de oír sus palabras, investigamos cómo es el tejemaneje en este recinto, y comprobamos que los menores son vulnerados en sus derechos y que falta personal para ayudarlos en su rehabilitación.

El Cread Pudahuel escoge su personal al tuntún, los “tíos” que conviven con los pequeños las 24 horas, que tienen que cuidar y reparar a niños y niñas que llegan maltratados, cuyos padres no pueden protegerlos, porque viven de allegados, hacinados, porque son familias numerosas, muchas cesantes, con problemas de adicciones, violencia intrafamiliar y con alto riesgo social. Estas familias depositan toda su confianza en el Estado, creen a ojos cerrados en que sus hijos estarán en buenas manos en ese hogar, que se criarán mucho mejor que en la casa, con buena educación, con valores y principios para toda la vida, pero el Estado les falló, les falla, y les seguirá fallando mientras no se elimine este Sistema, que entre otras cosas, carece de profesionales compatibles con las funciones requeridas para intentar reparar el estado emocional de los menores. Mientras se sigan violando los derechos de los niños en Chile y no se aplique justicia y reparación con urgencia crecerá la delincuencia juvenil a porcentajes inalcanzables.

Alejandro Iglesias, ex funcionario del Cread de Pudahuel, estudió Periodismo, Pedagogía y Licenciatura en Filosofía. Nada que ver con especialidades técnicas vinculadas a la salud mental. Sin embargo su contrato de trabajo decía: “Rehabilitador de Menores”:

“Postulé al Cread porque vi un aviso en El Rastro que decía: “Se necesita personal, varones para trabajar, trato directo, hogar de menores”. Y fui porque quedaba muy cerca de mi casa. Me atendió un tipo chiquitito, delgado, de lentes, que se presentó como Jefe de la Unidad Técnica. Le pasé mi currículum, pero para ser sincero no le dio ni bola. En cambio sí le interesó cuando le conté que en casi toda mi familia eran «tiras», que manejaba el “coa”, y me vio que era maceteado y que hablaba con voz fuerte, como con voz de tenor…, eso le encantó, pero mis estudios universitarios para nada”.

Niños delincuentes con niños inocentes

“Me contrataron de inmediato. Me designaron al  Pabellón «C» con menores entre 14 y 18 años. Durante el día permanecían todos juntos. Como en cualquier sistema carcelario, en cada pabellón había una «carreta» (el grupo que mandaba), compuesta generalmente por peso pesado, donde el pez más grande se come al más chico. Los primeros roces entre los internos y  el tío partían ahí. Los de la “carreta” se instalaban en la mesa más cercana a la ventana -que daba a la cocina-, y así conseguían de las manipuladoras de alimentos algo extra, y llevaban recados por escrito a las menores del Pabellón «B», que se ubicaban al otro lado del comedor, lo que además les permitía verse y decirse algo aunque fuera a gritos. La indisciplina se formaba cuando empezaban a quitar el pan a «los chatos», que eran los más pequeños. En más de una oportunidad tuve serios enfrentamientos con alguno de la “carreta”. Ahí entendí lo importante que resultaba ser maceteado y hablar golpeado. Después de las comidas salían todos al patio, y se hacía una lista de los que necesitaban ir a Enfermería porque eran muy comunes los impétigos (costras en la piel). Un día opté por comprar insumos y hacerles las curaciones, pero el Jefe de la UT me llamó la atención, y me prohibió seguir haciéndolo. Cada vez que llegaba un niño nuevo, me preocupaba de dejar por escrito la marca de sus zapatillas y la parka con que el menor entraba porque fijo que al rato, o al otro día estarían siendo usadas por otro menor, generalmente por alguien de  la «carreta». Ese era otro motivo de roce entre tíos y menores. La mayoría de los tíos no se metía en esos asuntos, les daba lo mismo. Durante el día no hacíamos nada de nada. A veces llevaba una radio, y sí iba a haber algo interesante un televisor. Tampoco les gustaba mucho a la UT porque según ellos provocaba que el tío pajareara, y se podían fugar los menores. A los tíos no nos decían el motivo por el cual los menores eran internados. Entonces teníamos juntos delincuentes con niños inocentes, todos revueltos. Estaba prohibido que fumaran. Otro motivo de roce. Largas 12 jornadas de hacer nada. Así fui comprando lealtades de algunos llevándoles cigarrillos que me encargaban”.

Murió vendiendo calugas en la micro

“Los días de visitas eran críticos, porque había niños a los que nadie iba a ver, y también porque los chicos de la “carreta” se robaban las encomiendas del resto. Recuerdo a un menor de apellido Bustamante. Su abuela le había llevado una bolsa con fruta y se la comieron los otros. En su desesperación se fugó esa noche. Tres días después andaba vendiendo calugas en la micro, al bajar se resbaló y murió atropellado en calle Radar esquina Alameda. Las fugas eran todo un tema para los superiores porque cada vez que se escapaba un menor era una subvención menos. Para ellos la principal preocupación era que los tíos estuviésemos atentos sólo para evitar que se escaparan los pequeños. El pabellón tenía dos salas de clases, con pizarrones y mesas, pero las usé sólo cuando llevé mi televisor, no tenían otro uso. Había dos menores homosexuales a los que debíamos cuidar mucho más que al resto. Mi pareja era Profesora de Inglés en Educación Básica, y una vez me pasó unas guías de estudio para organizar actividades grupales, pero al aire libre. No había papel, y no se podía usar lápices porque los chicos podían convertirlos en puñal para atacar a alguien. Lo mismo con los cepillos dentales. La rutina nos aburría, y nos afectaba en nuestro estado de ánimo. Por ejemplo, conseguir una pelota para llevar a los niños a la cancha era muy  complicado. El recinto era demasiado inseguro, murallas bajas, por ende fácil de escalar. Y esos niños son verdaderos gatos. Me pedían que les llevara prendas de lana en desuso que ellos desarmaban y hacían trenzas, cintillos y pulseras. Les llevaba monedas que gastaban raspando las murallas como lija. Dejaban las monedas completamente lisas. Y se las regalaban a sus visitantes, ese tipo de cosas era todo con lo que se entretenían”.

Ducha 1 vez por semana, un tío para 60 niños

“Formé mi grupo de teatro. Durante la semana ensayábamos. Llevaba de mi casa los implementos necesarios para la caracterización. A la UT no le hacía mucha gracia que los niños tuvieran clases de teatro. Pero al psicólogo sí le agradaba. Nunca conseguimos retrasar la hora de levantarse para los niños. Me preguntaba qué sentido tenía sacarlos de la cama a las siete y media de la mañana para hacer nada. Ninguno de los internos iba al colegio y de las niñas sólo algunas. El ocio era nuestro peor enemigo. La ducha era una vez por semana. Me subía a la muralla y les iba poniendo champú en la cabeza mientras entraban desnudos a la ducha. Era otro momento en que se desaparecían las prendas de vestir y las zapatillas. Había tíos que castigaban a los niños con cachuchazos. Una noche me tuve que hacer cargo del pabellón “B” porque el tío de ese pabellón faltó. Yo sólo a cargo de 60 niños”.

“Un día noté que los vidrios de unas ventanas estaban rotos y me dijeron que había sido un menor en un acto de furia, porque un tío le había pegado. Lo llamé para verlo, y efectivamente estaba todo machucado. Tenía cortes superficiales en manos y antebrazos producto de la quebrazón de vidrios. El tío no lo había informado, y a esa hora no había Enfermería. Le lavé la herida, luego me conseguí sal en el casino y le apliqué en los cortes. Al día siguiente a primera hora lo mandé a la Enfermería. Y otra vez la UT me llamó la atención, que parecía médico brujo, pero igual seguí llevando elementos básicos de curaciones en caso de emergencia. Me acuerdo que ese día fui al Sexto Juzgado de Menores, en calle Portugal, a presentar una denuncia por maltrato de este niño y para mi sorpresa pasó el tiempo y nada… nunca se hizo nada al respecto. Para los pabellones “B” y “C” éramos cuatro tíos. Uno de ellos era un jubilado de correos, medio bruto, bueno para el cachuchazo y los chirlitos. El segundo con Educación Media completa y algo de experiencia teórica en Unpade. Y el tercero un Contador joven. Ninguno con preparación técnica. En mi caso, usé el sentido común. Me ayudó mucho el ser padre de niños más o menos de la misma edad. En más de una oportunidad llevé a trabajar conmigo a mis hijos para que conocieran la realidad de los niños que viven en hogares de menores, para que valoraran la vida que tienen. La comida que les dan a los niños en el Cread siempre es poca, y de mala calidad. Los viernes por ejemplo, papas cocidas con chuchoca. Era increíble cuando llegaba donación importante para los niños, por ejemplo, ropa del Estadio Israelita. Ahí lo grave era que los funcionarios se dejaban las mejores prendas, y a los niños le dejaban lo peor”.

Despidos con el cambio de administración

“Los niños descubrieron en mi un tío que no los “paqueaba”, pero que se hacía respetar, que conocía sus códigos, pero que no los “sapeaba”, y eso era bueno para ellos porque les evitaba un castigo. En ese sentido siento que me los gané, y creamos buenas migas. Descubrí que son hábiles manipuladores de las policías, tribunales, sicólogos y asistentes sociales. Son niños muy agradables y empáticos cuando algo les agrada, hay que saberlos llevar, ellos necesitan ser comprendidos y ser contenidos. De pronto hubo un cambio en la administración del Cread, le quitaron la subvención a la Corporación Municipal de Pudahuel y se hizo cargo la “Corporación Opción”. Llegó con “otra mirada”. Las oficinas estaban en calle Diego de Almagro, cerca de Av. Pedro de Valdivia. Tenían su reconocimiento jurídico en trámite, era muy nueva, con cero experiencia. Y la correspondencia iba dirigida a organismos europeos, pidiendo ayuda económica para sacar adelante el proyecto “Opción”. Les advertimos de lo que pasaba al interior del recinto, sobre los menores en riesgo y sobre los de la “carreta”, pero no nos hicieron caso, y a los 15 días tres tíos fuimos despedidos. Para mi sorpresa, me despidieron y dejaron trabajando al tío que le dio la golpiza a un menor anteriormente, el que yo había denunciado y que nunca sancionaron. Yo vivía a pocas cuadras del Cread, en calle La Estrella. Al día siguiente de mi despido llegaron dos menores hasta la puerta de mi casa. Se había fugado durante la noche, buscaba dónde alojar y lo dejé quedarse en mi casa. En una semana se habían fugado 19 menores de mi pabellón, de 29 en total, y todos se fueron a mi casa. Con la Trabajadora Social de “Los Traperos de Emaus” conseguí camarotes, colchones y ropa de cama. Me donaron hartas cosas, y mi casa que arrendaba era grande, así es que salimos adelante. Con Pablo Egenau, del Hogar de Cristo, conseguí comida y ropa. Además presentamos una sugerencia al Sename. Durante el día me ayudaba el tío Sebastián (otro de los despedidos). Fui al Sename, en Av. Pedro de Valdivia. Les conté lo que pasaba y les lleve un proyecto para regularizar la realidad que estaba viviendo desde hace un mes, pero en vez de ayudarme, al día siguiente tenía a la PDI frente a mi casa. Había sido denunciado de «incitación a la fuga». Conversaron conmigo. Mi hijo y los menores aún dormían. Quedé citado a la Brigada de Delitos Sexuales y Menores. Se me ordenó dejara de acoger a los niños. Algunos fueron detenidos, otros se fugaron. Y en ese momento «El Lucía» me contó que uno de los tíos nuevos del Pabellón “D” acosaba a su polola que vivía al lado, en el de las mujeres. Tenía como prueba unas cartas manuscritas por el acosador. Fue así como envié por correo certificado con fotocopias de las cartas a la Diputada Laura Soto, en atención a su extensa y reconocida experiencia en casos de violación de los DD.HH., pero no me contestó nunca. Lo mismo hice con la periodista Pamela Jiles, pero tampoco se interesó”.

Un comentario sobre “EX FUNCIONARIO DENUNCIÓ GRAVES IRREGULARIDADES EN CREAD PUDAHUEL DEL SENAME: “ME DESPIDIERON Y DEJARON TRABAJANDO AL TÍO QUE LE DIO UNA GOLPIZA A UN MENOR”

  • el 17 agosto, 2018 a las 2:32 am
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    Es un horror, pero más horroroso es que ninguna autoridad se interese en ayudar a estos niños, que no tuvieron la suerte de ellos. De alguna manera, toda la sociedad debe comprometerse en dar ayuda. De otro modo, todos somos cómplices de esta atrocidad humana.

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