¿SE PUEDE REPARAR LA MENTE DAÑADA DE UN NIÑO?

Por estos días la ONU no nos quita la lupa de encima después que detectó graves irregularidades en el Sistema Chileno de Protección Infantil. O sea, Chile es acusado de violar a lo menos 16 de 53 artículos de la Convención de los Derechos del Niño. En este acuerdo se pasó por alto el derecho a la protección contra la violencia, contra la tortura, la explotación y el abuso sexual, y contra tratos crueles inhumanos y degradantes. En el Servicio Nacional de Menores (Sename) que es donde se supone que se deben respetar estos derechos a cabalidad no cumplieron con este pacto. Y no lo digo yo. Basta con rebobinar la prensa y revisar los casos de cientos de niños que murieron al interior del Sename, expuestos a situaciones inhumanas, sin la protección que ampara sus derechos. Desgraciadamente las personas a cargo de cuidar a los pequeños no fueron competentes y tampoco quienes las pusieron en esos puestos de trabajo.

Los niños que se salvan de atrocidades cometidas por adultos despiadados quedan con un daño sicológico tremendo, el daño mental deja marcas demasiado profundas, y para toda la vida. Marcas que no siempre se ven, marcas que no siempre se notan, marcas que no siempre se sienten. Muchas de esas marcas se encriptan en el disco duro del cerebro, y estallan con los problemas durante la adultez. Es en esa etapa de la vida cuando surge el cuestionamiento en ellos… la confusión, de porqué me siento deprimido si tengo todo para ser feliz… y aparecen las depresiones no tratadas… La experiencia indica que los recuerdos explotan a medida que el adulto busca “algo”, pero no sabe qué es ese “algo”…

¿Cómo se sienten los jóvenes cuando egresan de los hogares del Sename?

Vacíos, solos en la inmensidad, inseguros, asustados, temerosos, desorientados, tristes, se sienten inferiores al resto, despreciables, con una sensación de abandono, de culpa, de vergüenza, heridos, ignorantes de lo que viene, sin rumbo, sin hábitos, escasa cultura, principios y valores nulos, casi sin modales, sienten que son mirados como bichos raros, y muchas veces, la sociedad los estigmatiza en vez de guiarles.

Las estadísticas indican que el 50% de los presos en Chile pasó por un hogar del Sename. Es posible que un joven que sale mañana de equis hogar se convierta en delincuente, es esperable, pero evitable…

La sociedad desconoce lo que verdaderamente ocurre al interior del Sename (pronto les contaré una historia escalofriante). Mientras en sus casas apagan la luz de la lámpara del velador para dormir cada noche, en los hogares de menores empieza un calvario con llanto silencioso y abusos atroces. Niños que lloran de dolor, pena, soledad, indefensos, no entendiendo cómo quienes están para cuidarlos destruyen sus vidas desde tan pequeños. Es así como durante años acumulan pensamientos negativos… es como estar en una cárcel desde chicos, sin haber cometido delito, y ser castigados sin haber sido condenados. Entonces cuando egresan se sienten libres, pero rebeldes, con trancas, resentimientos, prejuicios, fantasmas, demonios internos, rabias contra la gente, la sociedad, contra otros jóvenes que tienen lo que ellos no… y contra quienes los abandonaron en su niñez… se lo toman como la gran venganza. Se desquitan con cualquier persona que esté en frente, porque no saben cómo canalizar esa rabia que han cultivado sin quererlo, durante tantos años, una rabia sin tratamiento, sin reparación, porque el Gobierno no se preocupó de hacerlo. Sólo se ocupan de reparar un niño cuando nace la intención de adoptarlo (como que lo preparan para la venta). Antes no les interesa, no es buena inversión para el Estado (error garrafal). Esto detona en delincuencia, drogadicción y prostitución infantil, entre otras perdiciones.

Los niños, niñas, jóvenes y adolescentes que viven en el Sename tienen desórdenes y cansancios mentales importantes. Agotamiento, angustia, ansiedad, irritabilidad, conflicto con el mundo, preocupación, dolor que desconocen, que no saben de dónde sale, pero se siente muy fuerte.

Ellos no cuentan de sus dramas a cualquiera. Hablarán de lo que les atormenta en sus vidas cuando sientan que es el momento, sin presiones. Todo a su tiempo. No hay que forzar ese momento tan íntimo y tan tormentoso. Podría tardar años. Y cuando llegue ese momento, necesitarán al frente una persona que los escuche, que no los juzgue ni critique, que los entienda y les preste su oreja el tiempo que sea necesario, no con un cronómetro indicando que su tiempo terminó. En ningún caso ese rol puede ser cubierto por un especialista. Por lo general ese momento se da con algún tutor o guardador, o alguna persona que decide acoger a ese menor con la única intención de darle cariño y una oportunidad.

Invito a cooperar en vez de criticar

Nuestro trabajo como sociedad está en abrir más puertas a estos jóvenes, pero abrirlas de verdad, que no sea para la foto, porque hay cámaras de televisión o porque quiera candidatearse para algún cargo público y necesita un voto en las elecciones. No lo haga por interés. Hágala piola, como dicen los lolos.

Hay mucho por hacer. En los hogares del Sename hay grandes valores, tenemos que fortalecer esas habilidades, valores, principios, aptitudes. Motivarlos usando diferentes herramientas para que estudien, trabajen, sociabilicen y descubran quiénes son, lo valioso que es su aporte y cuánto nos importan. Mostrarles la importancia de la familia, el deporte, la vida sana, etc…. Es un trabajo desde el amor, es abrazo, hogar, paciencia, es oportunidad oportuna, enseñanza, es familia, es agilizar una adopción con personas que le den contención, orientación, principios para la vida, y no dinero ni limosnas, ni mirarlos con lástima, sino que integrarlos a la sociedad como cualquier niño, son seres humanos no mercancía. Después ellos van a crecer…

Hay que inculcarles que todos los sueños se pueden cumplir, pero que depende de cada persona. Para lograr metas hay que enfocarse y tener paciencia. Luego trabajar desde el amor, con voluntad, esfuerzo, perseverancia, constancia y estudiando. Ser resilientes, agradecidos de lo que se tiene. Quererse, respetar a los demás y cuidar a los adultos mayores, a los animales, y al Planeta.

Hasta la próxima!

Lo expresado en esta columna es responsabilidad de quien escribe. No representa necesariamente la opinión de esta plataforma digital.

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